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Sudamérica, la tierra de las oportunidades…

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El coraje, la valentía o la ambición deportiva, se puede medir con la vara que otorga el poder económico? Definitivamente el fútbol sudamericano demuestra todo lo contrario.

Sigue siendo la “tierra de las oportunidades”. Así como se había acuñado aquella frase de “hacerse la América”, por miles de inmigrantes europeos o de otras latitudes que buscaban un mañana mejor y tomaban el rumbo a la América del Sur.

Tal como ayer, el fútbol sudamericano sigue siendo la tierra de las oportunidades. El fútbol es un ejemplo palpable, cotidiano de integración, de inserción social comunitaria.

El 13 de agosto pasado, en Buenos Aires, concluyó la Copa Libertadores de América con novedosos finalistas. San Lorenzo de Almagro, generador de crónicas irrepetibles en el fútbol argentino, pero sin la aureola de Campeón de América. Hoy tiene saldada la cuenta pendiente consigo mismo.

El otro finalista fue Nacional de Paraguay, quizás con más limitaciones materiales, pero autosuficiente para escribir la página más resaltante de su existencia. Ser finalista de la Libertadores, obsesión de muchos, satisfacción de pocos…Nacional estuvo ahí, arañando la gloria. Cayó de pie, con la dignidad que no tiene precio.

En el fútbol ecuatoriano, el equipo de Mushuc Runa, recientemente ascendido a Primera, es toda una sensación. El Mushuc Runa es una Cooperativa comunitaria formada por indígenas ecuatorianos de la provincia de Tungurahua; que luego, como prolongación, se convirtió en una institución de fútbol, un gran ejemplo de construcción de identidad. La institución representa un canto de esperanza de la comunidad indígena andina ecuatoriana. Su protagonismo es una esencia que nace desde el alma, como expresión genuina de pertenencia. Es el mismo caso del Cienciano del Cusco, de Perú, que ganó la Sudamericana, nada menos que ante el River Plate de la Argentina, en el 2003. El Real Garcilaso, cuya notoriedad impactó en la Libertadores 2013.

Un suceso reciente parta citar como un hito de la universalidad del fútbol es la selección de Costa Rica, un protagonista exultante de la Copa Mundial Brasil 2014.

En la presente edición de la Copa Sudamericana surgen varios clubes que se sacuden de la periferia del anonimato: Nacional de Potosí (Bolivia), Cobresal (Chile), Universidad Católica (Ecuador), Rentistas (Uruguay), Capiatá y Gral. Díaz (Paraguay), U.T. Cajamarca (Perú), Deportivo La Guaira (Venezuela) y felizmente hay muchos otros casos como los que mencionamos.

Los torneos de la Confederación Sudamericana de Fútbol significan una plataforma internacional para exhibirse en igualdad de condiciones, en base al esfuerzo, talento y amor propio. Es desarrollo, crecimiento, progreso. A la postre, oportunidad, que se trasunta en mejores perspectivas económicas y culturales.

Un movimiento que descarta la repetición de equipos, donde el monopolio del éxito se reduce a aquellos que sonríen permanente con la generosidad de la Diosa Fortuna.

En este tiempo de la presencia omnipresente del marketing, elemento vital para sostener el costo del desarrollo, es muy saludable compartir. El fútbol sudamericano es una muestra cotidiana de esa práctica.

La grandeza se construye, día a día por el prodigio de la voluntad…

 

NEBESE/CONMEBOL.com

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