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Si la vida fuese un partido de fútbol…

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Alguien me preguntó hace días si heredé del tío Leonardo la pasión por el relato deportivo. Si, respondí. Pero fue una herencia transferida, una herencia indirecta a través de mi padre, quien aprendió y admiró las grandes cualidades de su trabajo y que un día, bendito sea ese día, decidió inculcármelas.

Cierro los ojos y me imagino un domingo de júbilo en el estadio municipal cuencano. La magia de la radio y su garganta prodigiosa hacen que vuele mi imaginación para darle forma a las corridas de Klinger, a las gambetas de Pachaco Castañeda y a los golazos de Liciardi. Ese grito de gol eterno, que sale del alma, hace que la piel se me erice cada vez que lo escucho, como la primera vez. Imagino a miles de hinchas del naciente Deportivo Cuenca, emocionados hasta las lágrimas detrás de sus grandes radios.

Con un orgullo íntimo y silencioso, he escuchado a decenas, quizá cientos de personas hablar de Leonardo Muñoz Eljuri y su decida e influyente participación en el nacimiento y creación del fútbol local. Dicen, que la pasión que él sentía por el Cuenca, la transfería de manera mágica a su audiencia, y provocaba, casi los obligaba, a envolverse en las grandes gestas del balompié de esa época. Son incontables las historias, las anécdotas, las frases, los apodos, los viajes… memorias que he escuchado y que han sido suficientes para diseñar en mi cabeza una imagen cabal y absoluta del mejor narrador cuencano de todos los tiempos.

Si la vida fuese un partido de fútbol diría…

Que él fue la estrella del equipo. Un 10 con habilidades únicas, fintas, gambetas y llegada al gol. Me lo imagino zurdo, con una pegada de pintura, y con todo el estadio coreando su nombre.

Que tuvo un primer tiempo brillante, deslumbrante, mágico: que hizo 4 o 5 goles en 30 minutos, que liquidó el partido y que generó un delirio que nunca nadie olvidará.

Que en el segundo tiempo un rival le pegó una patada que lo lesionó y lo dejó tempranamente fuera de competencia. El árbitro se hizo de la vista gorda, no expulsó al agresor. Y aunque la asistencia hizo todo lo que pudo, no logró retornar a la cancha.

Leonardo, Leo, Leito, Loco, Leomuel, Nardo, Nardo Chico, Ñaño Chico… Silencioso, pensativo, enigmático. Sencillo, preocupado y reservado. Incomprendido… Lo recuerdo caminando: en la casa de mis abuelos, en el patio, en la calle o en cualquier rincón de la ciudad que tanto amaba y que recorrió hasta sus últimos minutos de vida. Siempre con un radio, escuchando algún programa deportivo, pendiente de lo que pasaba con sus colegas, con sus amigos y sobre todo con su amado Deportivo Cuenca. Caminaba, pensaba y transitaba lentamente por este mundo que no siempre lo comprendió. Imagino el ruido y el esplendor de su época de oro, tanto como el silencio de los últimos años.

Amó a Cuenca, tanto como los cuencanos lo quisieron. Tuvo el don de gente, la sencillez y el carisma para hacerse querer. Las visitas sorpresa y las largas charlas evocando la época dorada del fútbol local se convirtieron en su modo de vida. No era raro verlo confundido entre la multitud sobre los adoquines del centro histórico o en alguna esquina, reconstruyendo alguna de las historias de su paso por el periodismo. Lo recuerdo sencillo, preocupado por todos, a su manera.

Contrario a lo que muchos pueden pensar, creo que su gente nunca le dio la espalda. Talvez, simplemente no lo contaba o no lo sabíamos. Pero tenía muchos amigos y gente que lo admiraba, mucho más de lo que uno imaginaría.

Gracias por ese legado incuantificable para el periodismo y el deporte local y nacional: lo certifican quienes lo vivieron y lo sentimos los que le seguimos. Su voz ya es inmortal, su grito de gol único ocupa un lugar especial en la mente de los cuencanos y ecuatorianos.

Estoy convencido que hoy está en un lugar mejor. Un lugar donde no hay sufrimiento ni dolor, donde nadie lo juzga, donde no tiene ataduras, donde está libre, donde está en PAZ.

Tomado de la cuenta personal de Andrés Muñoz Araneda, sobrino de Leonardo Muñoz Eljuri, además compartimos una recopilación de algunos de los goles narrados por él. Audio tomado de Jorge Piedra Cardoso.

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